portada-bosco.jpg

El Bosco, mucho más que ‘El jardín de las delicias’

Un documental explora en los orígenes y la simbología del maestro neerlandés a partir de su mayor retrospectiva. El jueves 27 de mayo y el jueves 3 de junio en cines

Cualquier lista de las obras más famosas (y controvertidas) de la historia del arte incluye El jardín de las delicias. Sin embargo, Hieronymus Bosch (1450-1516) no fue un one-hit wonder, como suele denominarse en música a los creadores de un solo éxito. El genio neerlandés merecía una película monográfica que explicase sus orígenes, su carácter y su estilo atípico, extraño, fantástico y atemporal.

El fascinante mundo de El Bosco (que se verá en nuestros cines el jueves 27 de mayo y el jueves 3 de junio) viaja a su ciudad natal, Hertogenbosch (también llamada Bolduque o Den Bosch), en los Países Bajos. Allí se celebró en 2016 la mayor retrospectiva hasta la fecha, con motivo del quinto centenario de su muerte. Logró reunir 17 de sus 24 pinturas y 19 de los 20 dibujos que se conservan. Más de un millón de personas lo visitaron. La primera sorpresa es que se apuntase el tanto -un hito histórico- un museo local tan pequeño y modesto como el Noordbrabants, gracias a préstamos del Metropolitan o la Academia de Venecia. Como no podían ofrecer nada a cambio -ni dinero ni otras obras destacables-, sugirieron otra forma de pagar: mediante la investigación, con estudios en profundidad de los trabajos cedidos. Trato hecho.


Pocos artistas invitan más a ello. El Bosco sigue encerrando misterios sin desentrañar, por un lado, por las lagunas documentales -no fechaba los cuadros, y firmó muy pocos-; por otro, por la abundancia de imitadores; y no menos importante, por su compleja simbología. Un aspecto en el que sí se ha avanzado es la información sobre su persona. Nació en torno a 1450, se dio a conocer por el nombre de su ciudad y nunca viajó fuera de su región, Brabante (la misma en la que nacería Van Gogh siglos después). Era un hombre respetado por su comunidad, vivía en la plaza del mercado y pertenecía a la elitista hermandad de Nuestra Ilustre Señora. Físicamente, tenía la nariz puntiaguda, la piel pálida, el rostro flaco, gafas y ojos saltones: así se presenta a sí mismo en la esquina inferior derecha del óleo sobre tabla San Juan en Patmos. Eso sí: solo le vemos la cara, ya que el cuerpo es el de una especie de diablo con patas de grillo, alas y cola de reptil.

La cámara del director Phil Grabsky, aparte de acercarnos a detalles que nunca podríamos apreciar en persona, se adentra en la catedral gótica de San Juan, donde escuchamos al coro. Un segundo gran enigma sobre El Bosco -quizá el más importante- queda aclarado: no era un hereje, ni un hombre blasfemo, como podría pensarse al contemplar sus representaciones del infierno (en El carro de heno, criaturas grotescas fornican con humanos y los someten). Como católico, sostenía que la vida corpórea es efímera, y que solo la salvación del alma conduce al paraíso (de ahí el tono amable y luminoso de San Juan Bautista en meditación). En cambio, para los pecadores concibió atrocidades dantescas, en las que se desató su imaginación, febril y macabra.


En este sentido, su confianza en el ser humano es escasa. El Ecce homo retrata a una muchedumbre que se agolpa en la plaza para asistir a la tortura del Mesías. Sus expresiones, su frialdad, su sed de sangre, dejan en segundo plano a Cristo. Parece mentira que un artista del medievo resulte tan moderno. Y eso se acentúa en sus impresionantes dibujos: El bosque tiene oídos, el campo tiene ojos se adelanta varios siglos a Magritte y el surrealismo, con árboles de los que penden orejas. Las visiones oscuras y pobladas de monstruos no dan tregua; ni siquiera hay inocencia en los niños que juegan con un pájaro (y terminan desplumándolo con crueldad). Por cierto, las aves fueron su símbolo más habitual, en especial los búhos. Nos lo explican voces como la de Peter Greenaway (cineasta británico amante del arte, autor de La ronda de noche, sobre Rembrandt) o Rachel Campbell-Johnston, redactora jefe de arte de The Times.



Comparte en redes sociales